sábado, 21 de diciembre de 2019

Libro



Marco V. García Quintela
Georges Dumézil (1898-1986)
adrid, Ediciones del Orto, 1999, 96 páginas 
[Biblioteca de las Religiones, nº 2]
ISBN 84-7923-204-8

ÍNDICE

I. CUADRO CRONOLÓGICO 7
Cuadro de lenguas indoeuropeas 10
II. DUMÉZIL Y LOS ESTUDIOS INDOEUROPEOS 11
l. INTRODUCCiÓN 12
2. LA GÉNESIS DEL MÉTODO COMPARATIVO 14
2.1. Beber de todas las fuentes 14
2.2. La defmición de un modelo social 21
2.3. Las estructuras ideológicas 27
2.4. Inventarios y aperturas 34
3. EL SISTEMA IDEOLÓGICO INDOEUROPEO 37
3.1. Las fuentes de la comparación 37
3.2. Aplicaciones de la trifuncionalidad 39
3.2.1. La organización social 39
3.2.2. La jerarquía de las tres funciones en la teología 42
3.2.3. La bipartición de los dioses soberanos 43
3.2.4. Los tres pecados del guerrero 45
3.2.5. Las tres formas de matrimonio 48
3.2.6. El peso de la teología 50
3.2.6.1. Roma, del mito a la historia 50
3.2.6.2. Irán, del mito a la teología 53
3.2.6.3. India, del mito a la epopeya. 55
3.3. Criterios, límites y extensiones de la trifuncionalidad 55
3.4. Método transgenérico, transdisciplinar, transcultural en arqueología 60
3.5. El ambiente metodológico comparatista y sus críticos 62
III. ANTOLOGÍA DE TEXTOS 65
1. La evolución intelectual 66
2. Cuestiones de método 68
3. La especificidad del contexto histórico 78
4. Ejemplos de análisis 81
IV. BIBLIOGRAFÍA 87
1.De Georges Dumézil 88
2. Sobre Georges Dumézil y prolongaciones 92

La obra de G. Dumézil se elaboró entre los años 1924, fecha de publicación de su primer libro, y 1986, fecha de su muerte, tras la cual todavía aparecieron algunas publicaciones póstumas. Durante ese período el ritmo de publicación fue constante y por momentos incluso febril, en conjunto son unas 17.000 páginas. En cuanto a los temas, si bien existe una línea directriz muy clara que es el estudio del mito en el ámbito indoeuropeo, en torno a ella entretejió trabajos como lingüista, folclorista, estudioso de las religiones en general, que por si solos tienen un relieve específico.
Por otra parte, la dedicación a ese ámbito indoeuropeo impresiona. En efecto, se trata del estudio de lenguas y culturas cuyos primeros testimonios escritos se remontan a la segunda mitad del segundo milenio a. de C. a través de los testimonios de las lenguas hititas y hurritas, escritas en caracteres cuneiformes, y griego, escrito en lineal B, y que, en algunos casos han entrado en el circuito científico a través de estudios etnológicos o lingüísticos de los siglos XIX y XX, como los referentes al ámbito caucásico cultivado intensamente por el propio Dumézil.

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viernes, 20 de diciembre de 2019

Libro




Luis Gil
De Aristófanes a Menandro
Madrid, Ediciones Clásicas-Fundación Pastor, 2010, 406 páginas. 
ISBN 84-7482-658-0


ÍNDICE

Prólogo.
I. A guisa de introducción.
La risa y lo cómico en el pensamiento antiguo.
II. La comedia antigua: un teatro de títeres.
Forma y contenido de la comedia aristofánica.
La comedia de Aristófanes y la historia de Atenas.
El Aristófanes perdido.
La escenificación de la creatividad intelectual en la comedia aristofánica .
Uso y función de los teónimos en la comedia aristofánica .
«Los caballeros», de Aristófanes: análisis literario.
ΑΝΑΓΥΡΟΣ .
Note agli Acarnesi di Aristofane .
Aristoph. Ach. 344-46: un ‘visual joke’ obsceno.
Caballeros: problemas de hermenéutica y escenificación.
Seis notas a Las nubes de Aristófanes.
III. La comedia media: un teatro de tipos.
Comedia ática y sociedad ateniense I.
Comedia ática y sociedad ateniense II.
Comedia ática y sociedad ateniense III.
El ‘alazón’ y sus variantes.
Ärztichler Beistand und attische komödie: zur Frage der demosieuontes und Sklaven-Ärzte.
Arcágato, Plinio y los médicos.
IV. La comedia nueva: un teatro de caracteres.
Alexis y Menandro.
Menandro y la religiosidad de su época.
Menandro y la ética social.
El ensueño del Dyskolos.
Menandro, Aspis 439-464: comentario y ensayo de reconstrucción.
Menandro, hoy.
V. Bibliografía.


Recógense en este volumen veinticuatro artículos míos dedicados a las tres fases de la comedia griega escritos entre 1973 y 2007. Con su colección se ofrece al estudioso un cómodo instrumento de consulta hasta ahora inexistente en lengua española y en algo se remedia ésa que en alguna parte de este libro he llamado ‘mala memoria’ de los filólogos clásicos. Un mal éste sobre todo extendido entre los principiantes, pues convencidos del progreso constante de las técnicas y ciencias tienden a menospreciar lo anteriormente realizado. No se me escapa que en buena parte este defecto es una felix culpa, pues permite seguir investigando en campos limitados y architrillados y evita el desaliento originado por la convicción de que en semejante terreno no queda nada por hacer. Pero tampoco se puede negar que una mirada retrospectiva a lo ya elaborado por los predecesores evita el riesgo ingenuo de descubrir mediterráneos. El no perder de vista lo que los maestros de nuestros maestros hicieron, aparte de contribuir a encuadrarnos debidamente en el momento histórico que nos corresponde dentro de una larguísima tradición escolar, en más de una ocasión constituye un sano ejercicio de modestia, pues no todo lo escrito por ser antiguo está ya superado, carece de validez o está falto de mérito.
Esto advertido, dejo a los lectores el valorar este libro en el hic et nunc de la filología clásica y paso a referirme a lo que ha supuesto para mí desde el punto de vista personal la relectura de su contenido. Decía Platón que la escritura sólo valía como recordatorio de vivencias para la vejez. Y no sin motivo. Las presentes páginas me han evocado con tristeza las figuras desaparecidas de mi maestro Manuel Fernández-Galiano, que me editó algunas de ellas, las de los profesores Tovar y Aranguren, a cuyos homenajes contribuí con otras en momentos gozosos, y las de entrañables colegas como S. Lasso de la Vega y el joven profesor Lens, en cuyos homenajes póstumos tristemente intervine también con otras cuantas. Pero, aparte del melancólico sentir que me ha producido, dicha relectura me ha deparado el gozo de reencontrarme. Al contrario de la desagradable sensación que a la vejez experimento al verme reflejado en un espejo, el pasar la vista sobre lo que hace un montón de años había escrito y tenía ya olvidado me devolvió la imagen de un ser en plena juventud. “¿Será verdad –me dije– que sea yo el autor de todo esto?”


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