lunes, 19 de abril de 2010

Libro



Salustio, Conjuración de Catilina
. Ed., pról. y notas de J.M. Pabón.Madrid, Ediciones Clásicas, 1991, 156 páginas. ISBN 84-7882-026-4.

Dejó, pues, la política y se dedicó a la historia; pero, ¿fueron exclusivamente sus desengaños en aquel orden los que determinaron su nueva ocupación?; o en otros términos, ¿fue Salustio un historiador de vocación que contrarió desde sus primeros años -como él nos dice- sus naturales inclinaciones para volver a ellas en la madurez, o un político que se metió a literato porque sus fracasos no le dejaban nada mejor que hacer? A nuestro parecer tuvo siempre el interés por las cosas pasadas, el deseo de penetrar en su naturaleza y sus causas, que es la cualidad fundamental del historiador. Lo prueban sus investigaciones en la Numidia y ciertos pasajes de sus obras de indudable sinceridad: “por lo que a mí toca -dice en La conjuración-, al leer y oír tantas ilustres hazañas como el pueblo romano ha llevado a cabo en paz y en guerra, así en la tierra como en el mar, ocurrióseme investigar cuál sería mayormente la causa que hizo posibles estas grandes cosas...; dando vueltas al asunto, me confirmaba en que todo lo había realizado la egregia fortaleza de unos cuantos ciudadanos”.
No menos sentidas parecen sus palabras cuando expresa el descontento de su vida pasada y la satisfacción con que vuelve a los estudios de que la perversa ambición le había apartado. Nos habla de calamidades y peripecias, y ciertamente que el fugitivo de Campania que, perseguido por los soldados, corre a refugiarse junto a César, da la bien conocida impresión del literato que dejó en mal hora sus estudios para hacer un triste papel en la política y en las armas.
Conforme al texto anteriormente citado, para Salustio lo principal en la Historia son los grandes hombres, los caracteres extraordinarios. A diferencia de Catón el Mayor, que por su menosprecio de lo individual ni siquiera se cuidaba de dar los nombres de sus personajes, Salustio gusta de penetrar en la conciencia de éstos, de escudriñar su alma, descubriendo allí .as y pasiones como fuente y origen de la acción histórica. Los resultados de la introspección nos los da reunidos en unos cuantos rasgos que constituyen el retrato: es una modalidad literaria que debió practicar ya en la escuela. Llega a parecer como si consciente de su maestría hiciera gala de ella; y, en efecto, nos ha dejado una serie de semblanzas que tienen más valor, por sí mismas, que por su necesidad en el relato. Tal sucede con las de Catón, César y Sempronia. Otro medio de dar a conocer a sus héroes es hacerles hablar insertando en la narración sus arengas y discursos: procedimiento también aprendido en la escuela, como que era común a todos los historiadores de la antigüedad. Salustio, conforme a la práctica ya confesada por Tucídides, se contenta con una cierta conformidad de pensamiento, cuando no es el discurso, desde el principio hasta el fin, una ficción más o menos verosímil. En retratos y oraciones se percibe más de una vez la huella de los ejercicios retóricos.

ÍNDICE
PRÓLOGO 5
De coniuratione Catilinae liber 29

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